↓ menú principal

Con dormir  Historietas

Fotografía original

 

Envuelto en humo y sudor. Sin humor.

 

Mis labios buscan tus besos. Tus labios pierden mis manos. Como volutas me deshago como se deshizo el hechizo de ese mago que amago tras amago te encerró en mí. Mis besos encuentran tus manos.

 

Y en cada punto cardinal esconderé una mirada. Y te encontraré en cada sueño. Y te veré cerrando los ojos. Y…

 

A tu lado, como un soldado; vestido con mi uniforme de harapos de sentimientos que me arrancaré: para desnudo coser una bandera con que arroparme cuando ya no estés aquí.

 

Me conformo con dormir.

 

escuchando: ben harper / diamonds on the inside

por pedro arilla / 1 comentario / 11 Mayo 2009

Sin dormir  Historietas

Fotografía original

 

Tengo sueño y no quiero dormir. Me romperé las uñas si hace falta por cavar un agujero donde esconder la cabeza. Dejaré de ver el cielo azul y el mundo dejará de verme a mí. Y soñaré que la vida es del color de tus abrazos. Sin dormir.

 

escuchando: dire stratis / alchemy

por pedro arilla / 2 comentarios / 9 Mayo 2009

Medicina húmeda  Historietas

Fotografía original

 

Caminas cabizbajo dejando un poco de ti a cada nuevo paso. Y aunque te cueste respirar aspiras hondo el fracaso. Te abres camino entre sábanas de mierda. Cierras los puños hasta que las uñas duelen. Morder ya no es la solución. Y ya no recuerdas la última vez que sonreíste sin mentir.

 

Las mañanas saben a ceniza y medicina.

 

escuchando: james morrison / songs for you, truth for me

por pedro arilla / 1 comentario / 6 Mayo 2009

Muerte  Historietas

Fotografía original

 

Y finalmente su corazón deja de latir y su cerebro ni siquiera puede ordenar cerrar los ojos. Rígido, en una última contracción muscular. Última y definitiva. Inamovible. Y veintiún gramos que escapan por su boca en forma de suspiro. Se acabó. Uno menos. O uno más. ¿A quién le importa?

 

Y desde el mismo momento en que comenzó a gritar pidiendo ayuda, desde que comenzó a correr hacia mí. Con las manos solícitas, intentando asir la vida y la salvación. Agarrándome la camisa, mirándome a los ojos, desplomándose ante mí. Vidriosos ya. Supe que moriría

 

No puedo dejar de contemplar la escena. Y seguir comiendo. Gran bocadillo. Sólo he tenido que retroceder un paso para dejar paso al cuerpo inerte contra el suelo. Y ahora a por el postre.

 

escuchando: eagle eye cherry / desireless

por pedro arilla / sin comentarios / 30 Abril 2009

Señor  Historietas

Fotografía original

 

Volví a la oficina diez días después. Diez malditos días después. Como un fantasma me senté en el mismo sitio en el que me había sentado día tras día durante siete largos años. Todos los días excepto festivos hipócritas y vacaciones solitarias. Todos los días junto a las mismas sombras, que de fecha en fecha cambiaban de rostro pero no de expresión.

 

Nadie me echó de menos. O todos fingieron no hacerlo. La diferencia es mínima. Y las miradas.

 

Arilla, ¿dónde has estado? Fuera.

 

La corbata no me impresiona. No después de haber sondeado el abismo, el vacío y el dolor. No me impresiona la autoridad de unos zapatos brillantes. La única autoridad está hecha de sangre, sudor y lágrimas. Y entrañas. ¡Tripas fuera!, gritarás antes de saltar.

 

He estado de visita en el hospital. ¿Y a quién has ido a visitar tan importante? A mi conciencia.

 

Escarcha en su frente, fuego en mis párpados. Palpitan las puntas de los dedos. Ni lo dudes, se armará de valor.

 

Espero que tengas una excusa mejor. Ya se lo he dicho, estuve hospitalizado. ¿Tú? Sí, yo.

 

Silencio. Dolor y silencio. Cuando todo deja de ser rojo, se torna blanco. Y sólo rezas para que no se vuelva negro. Tú, que nunca has rezado. El muy cabrón no se atreverá… pero se atreve.

 

Supongo que traerás un justificante.

 

Tú lo has querido. Me abro la camisa y le muestro los veintidos puntos de sutura que me cruzan el vientre. Hace poco se podían ver intestinos y mierda, todos a una. Espero que le sirva así, pero si quiere se lo traigo firmado por un médico… señor.

 

escuchando: mónica naranjo / tarántula

por pedro arilla / 2 comentarios / 9 Marzo 2009

Sueño en una noche de verano (en Roma)  Historietas

(Nota previa: yo nunca recuerdo mis sueños, pero estando en Roma, cuando desperté me quedé con una extraña sensación y escribí lo que recordaba. Lo tenía desde hace tiempo en el baúl de los recuerdos. Méramente anecdótico)

Me encontraba en el taller, con Juan Carlos y Rubén, trabajando como cada día. Más al sol que a la sombra. Feliz por estar ahí, pero infeliz por no estar en cualquier otro lugar. Tropecé con mi destino, que tenía forma de harapo y color de fracaso. Allí, en la entrada del taller, en la plaza, entre la tierra. Allí. Excavé y maldije. Y descubrí, maldito… Una tela, un paquete de tela antiquísima que deshice y desempolvé, ante la atónita mirada de mis compañeros. Era cocaína. Y en la tela que la envolvía, versaba su historia.

“Mucho tiempo atrás, un monje descubrió ese mismo paquete, venido de las Américas, y conocedor de sus efectos, decidió esconderlo. En lo alto de la torre decidió, en el campanario que vigilaba aquella plaza, donde solamente él tenía acceso. Y en el travesaño más alto, del que colgaba la campana, se colgó el monje, como un equilibrista, y posó el paquete, dibujando con el blanco polvo, una limpia y clara arroba (@).”

Miré al cielo y tropecé, tropecé con la mirada, sí, en el campanario. Juez y delator de esa plaza criminal. Recordé que mi buen amigo Mosca se encargaba ahora del campanario y decidí subir. A ver. A verlo. Empujado por la curiosidad, salté los escalones, y de dos en dos, me planté en el techo de esa villa que me vio nacer. La campana, redoble de latón, me miró preguntándose si me atrevería. Me atreví y subí. Esperé no encontrarme nada o encontrarme algo. Pero no eso: un cristal, cocaína y una galleta, dominando la villa, desde lo más alto, sin compasión. Tallada en madera, una arroba.

Mosca me sorprendió a las horas, allí sentado, sin saber qué hacer, pensar o creer. Tan sólo me dijo: “Cómo sabía el puto monje, desde allí se tienen las mejores vistas”.

por pedro arilla / 1 comentario / 15 Diciembre 2008

La historia de la comida de las excursiones  Historietas

Hacía dos semanas que la Sita Asunción había anunciado la excursión a nosequé castillo. Toda la clase había prorrumpido en gritos, aplausos y alaridos. Una excursión significaba un día sin colegio. ¡Un día sin colegio! Y ese día había llegado.

Eran tan sólo ocho horas las que pasaríamos lejos de nuestro hogar, pero todos portábamos unas mochilas repletas. Repletas no. Repletísimas. La lista de enseres sería esta:

Dinero, mucho dinero para un niño de ocho años. Mil pesetas por si nos queremos comer un helado después de comer y por si queremos invitar a algún amigo. Y al parecer a todo el pueblo. Una gorra por si hace calor, un gorro por si hace frío, guantes, unos calcetines de reserva por si mojamos los que llevamos en algún charco, gallumbos de repuesto por si mojamos los puestos en alguna curva. Un Walkman (de los de cinta), cuatro cintas con las canciones de Los Fruitis y similares, ochos pilas (por si acaso), una cámara de fotos y una maquineta del Tetris. Más pilas. En cuanto a complementos textiles y electrónicos ya estaríamos cubiertos. Luego pasaríamos a la sección de papelería. Pañuelos, porque claro, nuestra nariz, en un momento dado, puede generar unos doscientos cincuenta litros de mucosa. Así que nada, dos pañuelos de tela y siete paquetes de pañuelos de papel (de los de diez). Bien, pasemos a los comestibles. Éstate atento porque esto va deprisa: batidos de vainilla, de chocolate, agua en botella, una cocacola, zumos de piña de los de tetrabrik con paja, otra cocacola, chucherías varias, patatas fritas, un bocadillo de jamón, otro de chorizo, gusanitos, tres sandwichs de nocilla, yogur líquido, plátanos que están ya negros por el viaje, dos mandarinas y, importante, muy importante, un kit-kat por si nos apetece picotear por el camino. Amén.

¿Acaso nuestras madres pensaban que las demás madres no serían tan previsoras y por eso nos habían dado víveres para que toda la clase pudiera sobrevivir a cuerpo de rey, sin ni siquiera racionar, durante cuatro días? Se dice que con esa mochila se podía alimentar una legión de guerreros hunos en situación límite en las estepas de la Conchinchina.

P.D.: Dedicado a mi mamá, que pa’eso es la mejor.

     
     Escuchando mientras escribo…    
    Artista: Bunbury & Vegas
Álbum: Liceu BCN
Año: 2007
     

por pedro arilla / 1 comentario / 1 Abril 2008

La historia del nombre  Historietas

Ponte en situación: te llamas José Luis y te mudas a una ciudad mediana, muchos coches, pocos prejuicios, clima continental y un nivel de vida tipicamente occidental. ¿De acuerdo? Pues bien, vas el primer día andando por la calle, sin meterte con nadie, con tranquilidad. De repente te encuentras con un viejo conocido, Oscar se llama:

- Hombre, Oscar, ¿qué tal?
- Muy bien tío, cuánto tiempo sin verte, macho.
- ¡Es verdad! Por lo menos seis ó siete años…
- Sí, sí. Es que me trasladaron en el trabajo, y acabé aquí.
- Pues me alegro, porque a mí me ha pasado más o menos lo mismo. Bueno, ya nos veremos.
- De acuerdo, hasta luego Juan Carlos.
- Adi… os.

¿Juan Carlos? Me llamo José Luis, cenutrio. Da igual, tampoco creo que lo vaya a ver más. Sigo con mi marcha, hago los recados planeados y regreso a casa. Un camión de mudanzas en mi puerta. Están terminando de subir mis cosas. Subo las escaleras de dos en dos, para ver si lo están dejando todo en su sitio. ¡Mierda! Me encuentro de morros con Oscar, sí, el de antes.

- Coño, Oscar… otra vez tú.
- No me digas que tú eres el nuevo.
- Pues sí, al parecer voy a vivir puerta con puerta contigo.
- Qué casualidad. Te voy a presentar a mi mujer.
- ¡Marta, ven, que te voy a presentar a un amigo! Estas es Marta. Marta, este es Juan Carlos.
- Encan… tado.

Con dos palmos de narices te metes a tu nuevo piso. Está todo en orden. Unas horas después, tras una reordenación cautelar, llega tu novia. Disfrutáis de vuestro nuevo espacio. Poco después, llaman a tu puerta. Es Oscar. Resulta que es el presidente de la Comunidad. Se ha tomado la molestia de ponerle el cartelito a tu buzón. Juan Carlos reza el invento. Le presentas a tu novia.

- Pues muchas gracias por las molestias, Oscar.
- No hay de qué. Ya he comunicado al resto de la escalera que eres el chico nuevo. Ahora todo el mundo te saludará por tu nombre. Hasta luego Juan Carlos.

Tu novia levanta un dedo y se queda con la boca en forma de “O”, como queriendo decir algo. Tú la miras como diciendo: “No pasa nada, son cosas nuestras”.

Una semana después y no se sabe por qué, eres el hombre más popular del barrio. Y todos te conocen como Juan Carlos. Parece ser que José Luis, ese encantador muchacho con ganas de comerse el mundo, murió. Debiste pararlo a tiempo, por no hacerle sentir estúpido al estúpido de Oscar, tú te has metamorfoseado en alguien que no eres. Sólo hay una solución. Y está al fondo. Ya puedes ver la luz, tiene forma de… ventanilla.

- Registro Civil, ¿en qué puedo atenderle?
- Me llamo José Luis, pero quiero cambiar legalmente mi nombre por Juan Carlos.

     
     Escuchando mientras escribo…    
    Artista: Bob Sinclair
Álbum: Western Dream
Año: 2006
     

por pedro arilla / 5 comentarios / 12 Junio 2007

 

 

 

 

diariodeundemente ha sido creado de la nada por pedroarilla en cuanto a forma y contenido [peter-says]