Ponte en situación: te llamas José Luis y te mudas a una ciudad mediana, muchos coches, pocos prejuicios, clima continental y un nivel de vida tipicamente occidental. ¿De acuerdo? Pues bien, vas el primer día andando por la calle, sin meterte con nadie, con tranquilidad. De repente te encuentras con un viejo conocido, Oscar se llama:
- Hombre, Oscar, ¿qué tal?
- Muy bien tío, cuánto tiempo sin verte, macho.
- ¡Es verdad! Por lo menos seis ó siete años…
- Sí, sí. Es que me trasladaron en el trabajo, y acabé aquí.
- Pues me alegro, porque a mí me ha pasado más o menos lo mismo. Bueno, ya nos veremos.
- De acuerdo, hasta luego Juan Carlos.
- Adi… os.
¿Juan Carlos? Me llamo José Luis, cenutrio. Da igual, tampoco creo que lo vaya a ver más. Sigo con mi marcha, hago los recados planeados y regreso a casa. Un camión de mudanzas en mi puerta. Están terminando de subir mis cosas. Subo las escaleras de dos en dos, para ver si lo están dejando todo en su sitio. ¡Mierda! Me encuentro de morros con Oscar, sí, el de antes.
- Coño, Oscar… otra vez tú.
- No me digas que tú eres el nuevo.
- Pues sí, al parecer voy a vivir puerta con puerta contigo.
- Qué casualidad. Te voy a presentar a mi mujer.
- ¡Marta, ven, que te voy a presentar a un amigo! Estas es Marta. Marta, este es Juan Carlos.
- Encan… tado.
Con dos palmos de narices te metes a tu nuevo piso. Está todo en orden. Unas horas después, tras una reordenación cautelar, llega tu novia. Disfrutáis de vuestro nuevo espacio. Poco después, llaman a tu puerta. Es Oscar. Resulta que es el presidente de la Comunidad. Se ha tomado la molestia de ponerle el cartelito a tu buzón. Juan Carlos reza el invento. Le presentas a tu novia.
- Pues muchas gracias por las molestias, Oscar.
- No hay de qué. Ya he comunicado al resto de la escalera que eres el chico nuevo. Ahora todo el mundo te saludará por tu nombre. Hasta luego Juan Carlos.
Tu novia levanta un dedo y se queda con la boca en forma de “O”, como queriendo decir algo. Tú la miras como diciendo: “No pasa nada, son cosas nuestras”.
Una semana después y no se sabe por qué, eres el hombre más popular del barrio. Y todos te conocen como Juan Carlos. Parece ser que José Luis, ese encantador muchacho con ganas de comerse el mundo, murió. Debiste pararlo a tiempo, por no hacerle sentir estúpido al estúpido de Oscar, tú te has metamorfoseado en alguien que no eres. Sólo hay una solución. Y está al fondo. Ya puedes ver la luz, tiene forma de… ventanilla.
- Registro Civil, ¿en qué puedo atenderle?
- Me llamo José Luis, pero quiero cambiar legalmente mi nombre por Juan Carlos.
 |
|
|
|
| Escuchando mientras escribo… |
|
|
| |
 |
|
Artista: Bob Sinclair Álbum: Western Dream Año: 2006 |
| |
|
|
 |
por pedro arilla / 5 comentarios / 12 Junio 2007