Las mil y una noches Fenómenos paranormales
Los exámenes, el ir a clase por la tarde, el disfrutar más con la nocturnidad, el trabajar de camarero… lo que sea. Mi metabolismo ha cambiado y ya vivo más de noche que de día. A veces se convierte en un problema que provoca sucesos paranormales. Te cuento uno de mis fines de semana en plan resumido.
El jueves me voy un ratillo con Elogui a echar un par de cervezas. No sé cómo… pero llegamos a las 7 de la mañana a casa. Me levanto a las 12 porque a la una he quedado con Elogui para ir al pueblo. Llego, como y me voy a las 3 a trabajar con mi padre (que es carpintero). Hasta las ocho y media pasadas. Me llama Zurech y me dice que como es viernes, si quedamos a las diez y media para echar una cerveza. Le digo que mejor a las diez porque yo a las 12 me iré para casa. Salimos cinco amigos, empezamos a beber, la noche se anima. A las cuatro y media me doy cuenta de que estoy sólo, sin amigos, con una chispa como un general y con unas chavalillas que me están contando no sé qué historia de no sé quién, que si le dicen que estoy enamorado de ella. De repente me entra medio segundo de consciencia y escapo de allí haciendo eses. A las seis estoy por fin echado en la cama, después de muuuucho rato para llegar a casa y muuuucho rato en la taza del váter vomitando todo lo que tengo dentro.
A las ocho y media me llama mi padre para ir a trabajar. En cuenta de echarme la charla por las horas de llegada a casa o de mis exagerados tragos, me aleccionan sobre el tabaco. De repente, a las dos de la tarde estoy de vuelta en casa, depués de carpintear, no sé bien cómo, pero todavía vivo. TOmo un bocado rápido y me echo una de esas siestas de pijama que tan buenas son. Amanezco a las seis de la tarde, me voy a echar un café y a las ocho y media de la tarde estoy en el bar trabajando. Tengo las pilas medio cargadas, así que cuando salgo a las seis de la mañana, me voy hasta las siete y pico a echar una cerveza con Maverick.
A las dos y pico del mediodía me llama Elogui para irnos para Zaragoza otra vez a las tres y media, porque a las cinco empieza el fútbol. Llegamos a Zaragoza y nos bebemos cada uno un tonel de café y un barril de Nestea. Cuando termina el fútbol nos vamos cada uno a sus respectivas casas. Por la noche ceno y me pongo a leer como un campeón. Medio libro volcado. Y la cafeína y la teína haciendo efecto en mi metabolismo. Así que ante la desesperación de no poder dormir, me pongo a ver la tele a la una de la madrugada. A las tres me doy cuenta de que me acabo de pulir enterita una película de La 2. Ha estado medio interesante. Es en blanco y negro, francesa, de 1960, subtitulada. Se llama “Disparad sobre el pianista” y trata de un pianista que triunfa, se le suicida la mujer y desaparece. Reacapacito y pienso: “¿Qué coño hago yo viendo esto? Y encima en versión original subtitulada”. Decido irme a dormir, que ya es hora. Además a las once y media has quedado con una agradable señorita. Cuando me levanto, me ducho, me arreglo y me voy. Llego diez minutos tarde, pero ahí estoy, preparado para una cita mañanera como si tal cosa. Me pregunta que qué tal el finde. Contesto que “bah… nada del otro mundo”.
por pedro arilla / 2 comentarios / 5 Abril 2007


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